Lamentablemente, a día de hoy, esta frase, aunque simple, contiene una gran verdad: “el envoltorio cuenta.”
No me atrevo a sobre valorarlo, pero tampoco a quitarle importancia.
El envoltorio es la carta de presentación para una entrevista, es el paquete adornado de un regalo especial... Es en definitiva, el primer impacto, la primera impresión que se lleva la otra persona de ti.
No quiero decir con ello que sea lo único, ni lo más importante, ni si quiera que sea algo decisivo. Pues conocer en profundidad a la otra persona puede ser el motivo de un giro de 180 grados.
Tampoco insinúo que me parezca justo. De hecho, la belleza física es sólo un regalo del que no hemos hecho mérito alguno, y además, a día de hoy contamos con infinidad de herramientas para mejorar la apariencia.
Sin embargo, cuando nos vemos privados de este privilegio, nace la tendencia de venderse por otros medios. La obligación de dar lo mejor de uno mismo, sin haberlo pedido, para contrarrestar esa carencia.
Esto es lo que debe sentir uno de mis compañeros de trabajo. Es una bellísima persona, pero hay algo terrible en él: Necesita imperiosamente sentirse bueno y valioso para los demás. Un accidente de tráfico le quitó lo que más valora esta sociedad: una imagen perfecta. Desde ese momento, no hay día que no se acuerde de lo que era antes su vida y lo que es ahora.
Mi primer día de trabajo, en cuanto encontró la ocasión, excusó su cara cicatrizada por su fatídico accidente. Me desveló cicatrices ocultas por la barba, de las que ni si quiera me podía percatar. La otra mitad de su rostro mostraba parte de ese pasado. Cierto atractivo se podía intuir debajo de todas esas marcas de guerra.
Me incomodaba que se diera cuenta cómo observaba su nariz deformada por las numerosas operaciones, por lo que opté por mirar a la pantalla del ordenador mientras hablaba, simulando estar trabajando mientras le escuchaba.
Lamenté su mala suerte, pero mucho más su falta de autoestima.
Poco después, cuando me acostumbré a su peculiar rostro, observé su verdadera carencia y me cagué en todo lo que se valora con una mirada.
En cuanto encontró la oportunidad, se sinceró acerca de su verdadera vocación, para lo que había estudiado, su habilidad para los idiomas, su sensibilidad por los niños y su aprecio a la vida.
Me desveló su mejor lado. Ese que todos tenemos y ofrecemos en pequeñas dosis, para no gastar, para evitar dar flores a los cerdos. Y lo hizo el primer día.
Sólo por un motivo: la vida le arrebató lo que menos cuenta en la tumba.
En la variopinta plantilla de mi nuevo trabajo, entre otros, hay un gay públicamente reconocido, otro de ellos que pierde aceite sólo cuando se le escapa, un bisexual que confunde a todo el personal y otro, que yo diría que también entiende los lunes y miércoles, para desentender el resto de la semana.
En aquellos casos en los que se le da a la carne y al pescado, me pregunto cuál es el origen de esta..............¿? conducta: ¿elección?, ¿genética?, ¿entorno?...
También me pregunto otra serie de incógnitas para mí, que me ahorraré para no herir sensibilidades...
Parece complicado determinar las causas de la homosexualidad. Algunos defienden las causas endógenas, otros las socioculturales, otros las cerebrales, psicológicas, genética... De tal modo que es imposible llegar a un consenso.
Las teorías se complican doblemente cuando se trata de bisexualidad. Los investigadores se empeñan en remitirse a causas endógenas, lo cual significaría que toda conducta alejada de la norma vendría dada por un cambio metabólico.
Una nueva pregunta que me surge en este punto, es: ¿qué lugar ocuparía entonces los elementos emocionales y psicológicos?
¿Qué papel desempeñaría condicionantes como la elección, la necesidad, la curiosidad, o el puro vicio?
Imaginemos un caso hipotético:
Por causas ajenas a nosotros, nos obligan a emigrar a una isla desierta en la que hombres y mujeres no tienen contacto alguno. No hay posibilidad de recurrir a medios pornográficos, por lo que la estadística que asegura que todo varón consume pornografía de 1.7 a 3 veces por semana no podría cumplirse.
Apuesto mi mano derecha a que el índice de bisexualidad en la isla subiría a los pocos meses.
En un afán de sincerarnos, a veces, nos dejamos la delicadeza en casa y olvidamos el significado de empatía.
Nos vemos obligados a dar nuestra opinión en todo aquello que se aleje de nuestro criterio. Sin darnos cuenta, cortamos alas y volvemos a cortarlas a todo aquel que se aventura en un plan venidero. La excusa es fácil: “alguien tenía que decírselo.”
Pues no, sabiondo/a. No te ha pedido opinión, y probablemente ni si quiera le interese, si es negativa. Una buena educación consiste en guardar las críticas destructivas para dejar paso sólo al apoyo moral y los ánimos. Pero con los años, a todos se nos olvida lo más básico, y crecemos en un sentido, para decrecer en otro.
La sinceridad no está reñida con la sutileza. Si peso 20 kilos más de los que debiera, no necesito que me lo reafirmes, sin previa petición al respecto. Si tengo una malformación congénita, preferiría que no la señalaras constantemente. Y si tengo una herida sangrante, sería un consuelo que no metieras el dedo en ella.
Pero lejos de reservarnos opiniones y consejos sin ser pedidos, nos sentimos importantes y seguros ofreciéndolos gratuitamente. Nos sentimos participantes del juego, aunque el equipo ya esté cubierto.
Y todavía somos más necesarios cuando nuestra opinión es negativa... Sí, cuando es una crítica. Porque a todo el mundo le cuesta abrir los ojos a quien quiere, y es bueno sincerarse, aunque duela. Además, cuando hablamos, lo hacemos a conciencia y porque tenemos la verdad absoluta...
A petición general del pueblo, solicito lo siguiente:
A aquel inconsciente que sin formación previa pretenda pilotar una avioneta, se le deje hacer. Después de que se haya roto la crisma, aprenderá mucho más que con tus sermones, los míos, o los del otro. Personalmente, aconsejo la “mentira piadosa”, a favor de la “herida dolorosa”.
Por mi parte, pido disculpas cuando, por ignorancia, he jugado a ser Dios... Pero, ¿¿quién narices soy yo para semejante valentía??
Su insatisfacción le obligó a dar un giro a su vida. Un giro de 180 grados, un cambio absoluto, un reencuentro consigo misma. Por primera vez, supo quién era.
No había conseguido su sueño de ser una gimnasta de elite, no le tocó la lotería y nunca se tiró en paracaídas. Pero tampoco lo necesitaba. Ahora era otra persona que se encontraba llena con lo que tenía día a día. La rutina no le asfixiaba, sino que era su mayor aliciente: hacer lo que realmente quería.
Ese giro le impedía ir marea abajo. Luchaba contracorriente con opiniones opuestas a las de su familia, pero ahora estaban demasiado lejos.......... no era un esfuerzo sobrehumano.............. Era lo que realmente quería.
No necesitaba más sueños que levantarse por la mañana y admirar lo que le rodeaba. Su vida era lo que tanto había soñado y su mayor motivación, que durara............ que durara para siempre. Que durara tanto como lo desean dos enamorados besándose. Que durara más que el pastel que se saborea despacio para que nunca se acabe. Más que el concierto en el que te evades del mundo para dejarte llevar....
Y se dejaba llevar....... sabiendo que algún día se acabaría. Sabiendo que todos los besos se acaban, que el pastel más dulce empalaga y que la canción favorita pierde fuerza con el tiempo.
Y tal vez se hubiese cansado de ello. Se hubiese ahogado en un mar de ilusiones convertidas en realidades demasiado cotidianas. A todo el mundo le llega. Todos nos dejamos arrastrar por la marea cuando ninguna roca es lo suficientemente fuerte como para agarrarse a ella........................ Todos nos dejamos llevar.
Y volvió a ocurrir. Su agonizante realidad apareció de nuevo. Sus insignificantes problemas se convirtieron en montañas y su obligación por hacer lo que tenía que hacer ganó la batalla frente a lo que realmente quería.
Su vida no había cambiado en absoluto, se mantenía en el mismo lugar. Su sueño sólo era una película que se había acabado y dedujo que la vida se mantiene intacta si nadie la mueve. Se mantiene pasiva mientras cada uno elige ser espectador o protagonista. La vida no cambia ni da giros, sólo se deja hacer como arcilla en manos de un alfarero.
Entonces supo que lo había cambiado todo........... lo había hecho ella. Lo había cambiado por tres meses........... Su esfuerzo mereció la pena.
Gracias al recién estrenado para mí FACEBOOK he podido ponerme en contacto con gente que ya prácticamente había olvidado.
Entre los variopintos contactos, a veces el origen de la relación es un proyecto en común, un viaje, una conversación, unos minutos insignificantes de tu vida en los que en vez de pedirte el número de teléfono, te piden la cuenta de correo.
No siempre las relaciones en este tipo de medios son estrechas. De hecho, casi nunca lo son, y de ahí, su grandeza, porque de otro modo el reencuentro hubiese sido imposible.
Este nuevo hallazgo para mí, al que me negaba a pertenecer, me ha dado la oportunidad de encontrarme con gente con la que compartía sueños similares, pero por distintos motivos no los pudieron cumplir...
Asentada ya en España desde hace más de un mes, me encuentro en esta red social con alguien que soñaba encarecidamente viajar a Australia...
Mientras mi vida naufragaba en un mar de dudas acerca del destino idóneo y demás interrogantes, vislumbraba claramente a esta persona disfrutando de su deseado sueño en Australia, mientras yo sacrificaba mi destino soñado por algo más realista. Tenía las cosas mucho más claras que yo, lo había trabajado mentalmente durante muchos más meses que yo y su seguridad me inspiraba cierta envidia. Claramente era un luchador. Sólo alguien así puede emitir determinadas expresiones con certeza.
Al regresar de mi deseado viaje a Nueva Zelanda, después de muchas peticiones para que me hiciera una cuenta de Facebook, decido acceder, son muchos los motivos por los que no me interesa perder el contacto con algunas personas. Añadiendo contactos, me encuentro con alguien que me animó a decantarme finalmente por Oceanía. Los dos compartíamos el mismo sueño: AUSTRALIA, probablemente era lo único que teníamos en común, un foro no abarca mucho más.
Tras refrescar la memoria, después de tanto tiempo, pregunto: “¿qué tal el ´plan Australia´?”
“Fue imposible, demasiadas complicaciones para tramitar el visado.”
Después de pronunciar una serie de excusas sobre peligros que había escuchado de gente que le había desmotivado, decidí guardarme lo que realmente pensaba para matizarlo más suavemente: “tienes que ir si es lo que realmente quieres. De lo contrario, te quedarás con un doloroso desazón.”
“Mar, tenemos la misma edad. A determinadas edades se busca una vida más tranquila. Voy más en serio con mi novia y me quedan dos años de carrera.”
Entonces, sólo me pude preguntar mentalmente: “¿es un razonamiento para excusarte a ti mismo, o lo que realmente quieres?”
Pero en realidad sólo contesté: “es cuestión de prioridades.”